Ya en las últimas de mi adolescencia y con mi infancia aún presente, me enfrento al año más trascendente de mi vida. Ya no me juego un sábado sin salir, un verano de lujo o un aumento en la paga, me juego mi futuro, mi próximo yo y el de las personas que me rodean.
Me prometí no cambiar nunca, considerar siempre las posibilidades que menos afectaran a mi manera de ser, actuar o sentir, pero aquí estoy, transformándome poco a poco y viendo que lo que antes me parecía irrelevante o demasiado 'futurista' ahora es algo por lo que realmente he de preocuparme.

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